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Liu Bolin 2016 | Galeria Freites

Exposición Liu Bolin, Julio – Septiembre 2016

Liu Bolin en Caracas: rostros para una identidad 

María Luz Cárdenas

En noviembre de 2013 la ciudad de Caracas se convirtió en la sede de los proyectos de Liu Bolin. El fuerte acento político, antropológico y social de su trabajo cobró aquí un pronunciamiento que toca a profundidad nuestra posición como sujetos inmersos en un contexto conflictivo, donde la identidad se desvanece en un permanente bombardeo de problemas.

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El planteamiento general del artista atañe a la disolución de la conciencia personal bajo la presión, el autoritarismo, la represión y la alienación de los sistemas de poder que conducen a su extravío en los laberintos de la cotidianidad urbana. Su obra se asienta en un espacio que nos obliga a pensar cómo superar la supresión de la diferencia, cómo deslastrarnos de la imposición de conductas y actitudes que pretenden desvanecer la individualidad.

  1. Primera historia

La presencia de Bolin no es extraña en Venezuela. Ya en el año 2010 había presentado una pequeña muestra en el Museo de Bellas Artes de Caracas y, en 2012, la muy completa exposición en la Galería Freites dio a conocer diferentes fases de su producción desde las primeras obras de 2005, cuando reaccionó ante la carencia de materiales, recursos plásticos y soportes que padecían los creadores en la sociedad china y comenzó a utilizar su propio cuerpo como centro de una obra donde emplea pocos medios pictóricos. Como partícipe de la generación de los primeros años de la década de los noventa, le correspondió vivir el momento en que su país comenzaba a conectarse con las fuentes del capitalismo y a sentir los efectos del crecimiento económico, con los cambios sociales y políticos que la situación generaba —entre ellos, el acento en los desarrollos urbanos que arrasaban con antiguos vestigios residenciales, algunos de los cuales funcionaban como ciudad-taller para los artistas—. Bolin asumió una manera de increpar al gobierno chino por la destrucción de una ciudad residencial de ciento veintiséis artistas donde él también tenía su estudio. Pintó su cuerpo de blanco y gris en un gesto de camuflaje con los escombros de los edificios, permaneciendo inmóvil como una demostración de la imposibilidad de acabar con el arte, aún cuando derrumbaran la ciudad. Desde entonces afinó la mimetización en los escenarios de la ciudad para desparecer entre las calles y las ruinas. En aquel momento, profirió la frase clave que define la sensibilidad de su hacer artístico: «si me quieren echar de la ciudad, yo me esconderé en ella. Como artista podía simultáneamente descargar mis emociones y protegerme». Aun cuando la acción produjo persecución gubernamental, este ejercicio de provocación y rebeldía fue el origen de la serie Escondido en la ciudad que le dio a conocer internacionalmente.

  1. Escondido en la ciudad y Mask

El proyecto Escondido en la ciudad explora las posibilidades de ingresar desapercibidamente en los más diversos escenarios arquitectónicos y urbanos. Se refiere a expandir internacionalmente aquella primera acción en contra del gobierno en su ciudad y toma como punto de partida la decisión que cada persona debe asumir como vía de contacto con el mundo externo: «yo elijo —declara— fusionarme con el medio ambiente». Así se va dando un proceso de comunión-camuflaje por numerosas ciudades del mundo y en los más diferentes contextos, siempre bajo el precepto de la mimetización con la calle, el paisaje o el interior decorado de establecimientos comerciales y tiendas de marcas de moda. La primera exposición de la Galería Freites incluía una serie de camuflajes urbanos en la Ciudad Prohibida de Pekín, en un espacio en demolición, Mural de Kenny Scharf, el Ground Zero de Nueva York, una estantería de osos panda, una inmensa locomotora, una multitud de personajes vestidos en color rojo y el trabajo en los locales de firmas de diseñadores de moda: Missoni, Jean Paul Gaulltier, Valentino, Lanvin, entre otros. El trabajo con las marcas expone al individuo a una doble desaparición: entre el entorno y entre la avalancha de la moda.

Bolin desarrolló una metodología propia de camuflaje que le dio un carácter muy especial a este capítulo. El proceso de elaboración de cada ejemplar de la serie supone una rigurosa, larga y meticulosa preparación por etapas que van desde la aplicación de la pintura sobre el cuerpo hasta la pose, inmóvil por varias horas y mimetizado sobre el escenario seleccionado, para finalizar con la toma de la fotografía. En cada ciudad y para cada toma se articula un equipo completo de trabajo formado por fotógrafos y pintores hiperrealistas, que cubren totalmente el cuerpo del artista con la imagen que será fusionada. El talante minucioso que despliega este proceso debe cubrir a la perfección hasta el menor detalle pero a la vez se sostiene sobre soportes muy simples: el cuerpo, la pintura y la cámara. La combinación de estos tres elementos con el entorno que Bolin haya decidido como fondo, permite construir una obra de arte total donde confluye la pintura, el trompe l’oeil, la instalación, la integración urbana y la fotografía. La persona pierde su perfil individual y se diluye en el mundo, pero también adquiere otra dimensión más extensa donde la identidad se redefine en un nuevo campo de sensibilidad.

Escondido en la ciudad llegó a un punto de replanteamiento donde el artista desplegó espacios más amplios de trabajo. Desde 2013 inició la serie Mask con la cual abrió otra etapa. Mask proporciona un giro contemporáneo a las técnicas pictóricas tradicionales utilizadas para la elaboración de las máscaras de la Ópera de Pekín. En una primera etapa de la serie elaboró pequeñas máscaras para ocultar el rostro las cuales, a su vez, estaban pintadas con un rostro camuflado con marcas publicitarias y etiquetas de comidas y bebidas populares. El canon clásico de representación de las máscaras de la ópera china se basa en la figura de los héroes, leyendas y dioses comunes en la historia y la cultura del país. Bolin altera el patrón al incorporar estos diseños. Con esta estrategia apunta hacia una reflexión simbólica sobre la sociedad china y sus valores. Se trata de cuestionar los vertiginosos cambios y peligros de contaminación como consecuencia de la comercialización de los valores contemporáneos en el entorno cultural chino. A diferencia de Escondido en la ciudad —donde el fondo de la obra es el escenario urbano y el centro de la pieza es el cuerpo del artista—, en la segunda etapa de Mask utiliza voluntarios y crea el fondo a partir de los propios personajes pintados y camuflados. Se trata de ‘hacer el fondo’ con el cuerpo y no de mimetizar el cuerpo con el fondo. A cada personaje se le toma una fotografía y luego, por computadora, arma la composición definitiva. El procedimiento ofrece un producto estético diferente, con relieves, texturas y expresiones nuevas. El trabajo de Bolin en Caracas comprende elementos de Escondido en la ciudad y Mask en un desarrollo que resultó interesantísimo para mostrar esa Caracas externa que llevamos por dentro.

  1. Caracas según Liu Bolin

En principio Bolin llegó a Venezuela con la idea de continuar sus series Escondido en la ciudad y Mask. Para ello trajo algunos bocetos desarrollados en otros países que adquirieron sus propias características con el contacto caraqueño. Desde el primer momento de su llegada al país emprendió una veloz y profunda lectura del entorno para detectar el imaginario que desarrollaría como proyecto en su construcción de identidades locales. Bolin observó las colas, el desabastecimiento, la inseguridad, la inflación, la depresión económica, el alto costo de la vida, la violencia; pero también el repertorio imaginario que recubre la cotidianidad. Al abordar las primeras impresiones que atraparon su memoria, declaró: «Me sorprendió que al comprar una botella de agua saqué un billete y no fue suficiente. El carro que me transportaba del aeropuerto al hotel estaba blindado»[1]. A partir de allí comenzó a definir las estrategias de simbolización del país y sus determinaciones iconográficas.

El proceso de producción marca también una pauta ejecutiva. La Galería Freites se convirtió por siete días en enorme y dinámico taller articulador de un equipo de pintores hiperrealistas que acudieron masivamente a la convocatoria, con cerca de veinte voluntarios por cada foto, en cuyos cuerpos se representaba la imagen seleccionada. A ellos se sumaron los carpinteros, asistentes de taller y personal de apoyo, además de un conjunto de diez proyectores de video para reflejar las imágenes sobre los cuerpos y escenarios, así como los equipos de mobiliario y escenografía elaborados especialmente para la ocasión. Con todos estos elementos el artista armó una especie de cartografía iconográfica de la situación venezolana. El conjunto derivó en un mapa de nuestra idiosincrasia. Liu Bolin sabe dar en el blanco para detectar los elementos que construyen la identidad, y esa habilidad se puso de manifiesto en el Proyecto de Caracas:

3.1. Inflación, desabastecimiento e idiosincrasia: Billetes, productos alimenticios y productos de consumo

El tema de la economía llamó poderosamente la atención del artista. Justamente el turbulento proceso de remates en las tiendas de electrodomésticos se desató durante los días de su estadía y no podía dejar de interesarse en una situación tan poco frecuente en cualquier otra parte del mundo. La variedad en la denominación de los billetes y sus diseños (las diferentes imágenes de animales y héroes patrios, los símbolos) fueron también motivo de su atención. Las colas en los abastos y supermercados movieron su interés y decidió incorporar productos como la Harina PAN, cerveza, estanterías de venta de cómics y frutas de la región, exhibidos en sus característicos anaqueles y cajones de madera.

Las instalaciones de billetes y Harina PAN siguieron el orden de realización de la serie Mask, mientras que las frutas, las cervezas y los cómics mantienen la estructura de Escondido en la ciudad. Los modelos voluntarios posaron muy quietos durante horas, y sobre una franela blanca los pintores hiperrealistas eran dirigidos y supervisados por Bolin para reproducir los detalles. Cada toma se realizó en forma separada y la foto definitiva fue armada en la computadora. Los cuerpos y rostros abandonan sus particularidades y se convierten en iconos y texturas. Acá no es tan clara la ‘desaparición’ que el artista alcanza con la serie Escondido en la ciudad, pero los relieves ofrecen un registro muy interesante para la lectura problemática de la situación. En la foto de la Harina PAN el artista juega con las texturas y el volumen del paquete de harina. Los rostros, que no llegan a desaparecer del todo, asoman resquicios de expresividad (en las miradas, en la boca) pero siempre dentro de la sombra de un anonimato que los hace iguales.

Con las botellas de cerveza, las revistas de superhéroes, los adornos navideños y las frutas tropicales, el procedimiento utilizado fue el mismo de Escondido en la ciudad, y consiste en la elaboración de un escenario de fondo sobre el cual se mimetiza el artista para desaparecer entre los objetos. El equipo de producción fabricó un sistema de cajones verdes y uno de cajones blancos de madera para las estanterías de los objetos. En Escondido entre las frutas, Liu Bolin nos proporciona un doble registro: el de la riqueza formal-cromática de los elementos, y el de la alusión a esas especies de ‘frutas prohibidas’ cada vez más escasas, inaccesibles y lejanas en la dieta nacional. La solución plástica del camuflaje es impecable. Los artistas participantes recrearon en el traje el recorrido por las frutas, generando una hiperrealidad apenas perceptible: piñas para los pies y pantorrillas, parchitas para los muslos, manzanas rojas para el torso y los brazos, mandarinas para el rostro y los hombros y la estantería verde para la cintura y las manos. El cuerpo de Bolin apenas flota entre el fruterío. En Escondido entre las ‘polarcitas’, el artista alude a la cerveza como una de las unidades culturales con mayor presencia en el imaginario colectivo popular del venezolano. Doce variedades de latas y botellas componen el panel de fondo. La sola lectura de esta cartografía cervecera permite codificar una idiosincrasia propia que incluye las versiones ‘rumbera’ y ‘temporada de beisbol’. El cuerpo se desplaza entre Soleras azules y verdes, Polar light, Polar Ice, rumbera, beisbolera, polarcita o tipo Pilsen. En Escondido entre ‘revistas y personajes del cómic’, Bolin recoge las cruzadas de superhéroes en modo de acción y aventura. Acá se ubica esa gama que va desde Archie a Superman, Hulk, El Fantasma, X-Men, Batman, Tarzán, Spirit, Los Vengadores, Vampirela, Spiderman, Lady Death, Wolverine, Tomb Rider, la Mujer Maravilla o Tornado. Mezclado en ellos aparece apenas y se desvanece la figura del artista. Se trata de un imaginario, entre callejero y fantástico, que cubre otro modelo de identidad muy presente en la población: el de la mimetización con el superhéroe y el de la revista-cómic como fetiche u objeto de culto. Las reglas técnicas que sostienen el proceso son irreprochables. Sólo quien haya participado o sido testigo en la producción de una obra, será capaz de desmontar los ‘trucos de magia’ allí presentes. Escondido entre adornos de navidad alude a esa especie de locura colectiva que nos toma en la época decembrina. Bolin estuvo en Caracas en noviembre y ya desde octubre las calles y vitrinas habían sido tomadas por los adornos característicos. La estantería blanca fue primero cubierta con papel de regalo con diferentes motivos navideños: la virgen y el niño, estrellitas, santas, trineos, muñecos de nieve, etc. En ese fondo se colocaron bolsas de regalo y los pequeños peluches y muñecos también alusivos a la época. El resultado fue una especie de tapiz con las imágenes más comunes en los adornos de las calles durante la navidad sobre el cual desaparecería posteriormente la figura de Bolin.

3.2. Entornos naturales y urbanos: escondido en la ciudad y en el paisaje

La segunda articulación de elementos de construcción de identidades por Liu Bolin en Venezuela es su propia integración-desintegración en el entorno. Del paisaje, el artista seleccionó la toma frontal del Salto Ángel y genera una perspectiva monumental donde el cuerpo se desdibuja entre la vegetación y la montaña de piedra, dejando a la vista la monumental caída de agua. La obra restituye un encuentro con la fuerza de la naturaleza que se impone sobre la figura humana. Podríamos pensar en esta pieza como un modelo de identificación con el mundo perdido de la Gran Sabana, ese con el cual cada vez tenemos menos acceso. Para ingresar en el horizonte urbano, el artista escogió las paredes de grafitis del Municipio Chacao y las gradas diseñadas por Carlos-Cruz Diez en la Colina Creativa de la Universidad Metropolitana.

3.3. Las dianas: La figura humana como objetivo del tiro al blanco

La imagen de círculos concéntricos de las dianas de tiro al blanco, que convierten la figura humana en un blanco de tiro, es un proyecto que Liu Bolin está realizando en diversas ciudades con la intención de hacer una exposición de todas las imágenes al final del recorrido. En esta serie se pierde por completo la individualidad: cuando se comparan las imágenes de distintas razas y países, no es posible determinar de dónde y quién es cada quién, cuál es su raza o a cuál etnia pertenece. El individuo se homogeneíza. Se vuelve uno. No importa dónde estemos o cómo seamos: siempre estaremos todos por igual sometidos a un mismo tipo de problemas. Sin embargo, la idea de convertir al individuo en un ‘objetivo de tiro’ potencia sus contenidos y derivaciones conceptuales en el marco de aguda violencia al que permanentemente estamos sometidos los venezolanos. En tal sentido, la Diana humana adquiere una doble dimensión: por una parte, exhibe el interés del artista de proponerla como imagen universal (todos estamos siendo observados, todos somos dianas, objetivos en una práctica social de tiro al blanco); pero también lo podríamos relacionar con los elevados niveles inseguridad en el país. El tema despliega nuevas aristas en Venezuela, sus dinámicas también.

En su tránsito por Venezuela, Liu Bolin deja el legado del diseño de un paneo por los diferentes estratos que componen nuestra compleja identidad. Nos aproximó, desde su ‘otra’ mirada, a los elementos que nos reúnen en un mismo imaginario; supo re-proponer su propia iconografía de las idiosincrasias —una manera de leernos a través de las imágenes cotidianas por entre las cuales circulamos, aparecemos y desaparecemos permanentemente.

 

[1] MORÓN, Jessica: “Liu Bolin se mimetiza en la realidad de Caracas”. Entrevista a Liu Bolin en El Universal, Caracas, viernes 1 de noviembre de 2013

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