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Auguste Herbin | Galeria Freites

Auguste Herbin

Le Christ, 1944
Óleo sobre tela
195 x 130 cm

Mer III, sin fecha
Óleo sobre tela
99 x 79,5 cm

Anticipó su muerte con un cuadro al que llamó Fin. Una obra que, paradójicamente, no terminó. La dejó en blanco y negro, distante de la experimentación cromática que caracterizó casi todo su trabajo.

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El cubista Auguste Herbin apostó firmemente al arte no figurativo desde 1917, corriente plástica que lo convirtió en una influyente referencia para los artistas franceses de la segunda mitad del siglo XX. Nació en Quievy, un pueblo ubicado cerca de la frontera Belga, el 29 de abril de 1882. Sin embargo, consideró siempre a Le Cateau como su ciudad natal, ya que allí se mudaron sus padres en 1883. Fue en este lugar donde transcurrió su juventud, entre las clases de la escuela municipal de dibujo y luego en la École des Beaux-Arts de Lille, en la que estudió hasta 1901. Su temprano y despierto interés por la estela de la pintura impresionista le hizo entrar en conflicto con profesores y compañeros en varias oportunidades. Se consideró en esa época como autodidacta, ya que sus experimentaciones no fueron bien recibidas en el mundo académico.

Tras instalarse en París en 1901 conoció a Wilhelm Uhde y a Clovis Sagot quienes adquirieron sus primeras obras. Para ese entonces, Herbin practicaba un impresionismo exaltado en cromatismo y pincelada que, en algunos aspectos, sin duda anticipaba soluciones fauvistas. Pero entre 1905 y 1908 su obra acogió dos registros en paralelo: de un lado asumió valoraciones abstractas de la mancha cromática y, de otro, introdujo la geometrización y la simplificación de formas en retratos y paisajes.

En la primera década de 1900, Herbin fue un habitué de los salones parisinos. En el Bateau- Lavoir, bajo la influencia de Picasso, Braque y Juan Gris se orienta hacia el cubismo. Sus primeras obras ligadas a la plena abstracción datan de 1917.

Movilizado al estallar la Primera Guerra Mundial, Herbin pasó buena parte de su servicio decorando la capilla del campo militar de Mailly-en-Champagne y realizando camuflajes para material bélico.

Finalizada la guerra expuso regularmente en la Galerie de l’Effort Moderne de Léonce Rosenberg y comenzó a realizar una serie de relieves pintados en madera. Recibió tan mala crítica que su galerista le recomendó la vuelta a la figuración, consejo que siguió durante un breve periodo en la década de 1920. A pesar de que también recibió presiones del Partido Comunista, al que estaba afiliado, para que su arte se pusiese al servicio de la causa política que defendía, Herbin continuó hasta el fin de sus días apostando firmemente por el arte no figurativo. En 1931 creó junto a Georges Vantongerloo el grupo Abstraction- Création y en 1949 publicó L’Art non-figuratif, non-objectif, en el que exponía su teoría sobre el color y las correspondencias entre la escritura, la música y las artes visuales. Su Alfabeto plástico trataba de codificar las correspondencias entre letras, colores y formas. Este libro será en adelante una de las referencias mayores de la pintura abstracta de aquella época. En los años cincuenta inició el Salon des Réalités Nouvelles, del que fue director hasta 1955.

En 1953 sufre una hemiplejía, uno de los peores males que un artista pueda sufrir. La parálisis lateral le obligó a aprender de nuevo a pintar, esta vez con la mano izquierda. En 1960, a los 78 años de edad, muere en París frente a su última obra, el lienzo que lleva por título Fin.

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