Jean Paul Riopelle

Composición, 1974
Óleo sobre tela
101,6 x 81,3 cm

“La pintura es como una enfermedad. Como un virus que si un día te atrapa es incurable”. Jean-Paul Riopelle está considerado como uno de los mayores exponentes del expresionismo abstracto. Nació en Montreal, el 7 de octubre de 1923. Recibió clases de arte desde los seis años. En su adolescencia, leyó al marqués de Sade a André Breton y diversos textos surrealistas que seguramente influyeron en ese sentido místico que tenía al momento de pintar.

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Estudió con Paul-Émile Borduas en los años cuarenta y fue un miembro activo del movimiento Les Automatistes. Juntos firmaron el manifiesto Refus Global: rechazo de todo el mundo.

El corazón de Riopelle se trasladó a París, donde finalmente estableció su visión, entendida como un riesgo controlado. Allí desarrolló casi toda su carrera.

En la capital francesa se asoció brevemente con los surrealistas para una exposición que se realizó en 1947. Sin embargo, encontró mayor afinidad con lo que se conoce como el grupo de Abstracción Lírica.

Su compañera de pintura y también en la vida fue la pintora estadounidense Joan Mitchell. Mantuvieron casas y estudios separados cerca de Giverny, donde había vivido Monet. Se influyeron mutuamente en gran medida, tanto intelectual como artísticamente, pero su relación fue tormentosa, alimentada por el alcohol. En ciertas épocas, sus estilos eran marcadamente similares.

Riopelle se unió gradualmente al tachismo, estilo en el que las pinturas están elaboradas con manchas de color aplicadas en el lienzo de una manera espontánea o al azar. Realizó una serie de obras que pueden ser descritas como improvisaciones pintadas. En sus trabajos posteriores a 1950 aparecen gruesas bandas de pintura sacadas directamente del tubo, que crean unos diseños a modo de mosaicos de brillante intensidad. Muchas de las obras posteriores de Riopelle, en especial las que pintó a partir de 1956, muestran grandes espacios en blanco, logrando un efecto libre y espacioso. Mientras vive en Francia trabaja también la escultura y las artes gráficas.

La década de los años cincuenta es un período de exposiciones internacionales y de su gran mosaico: pinturas realizadas con una espátula de elementos multicolores yuxtapuestas en una forma que recuerda los paisajes vistos desde un avión.

Sus diversos modos de expresión son plasmados a tinta sobre papel, acuarela, litografía, collage y óleo. En los sesenta, comienza a tomar más riesgos en su pintura, como si estuviera tratando de deshacer sus éxitos anteriores con el fin de explorar nuevas vías. Su pintura se hace más caótica. A partir de 1969, Riopelle completa varias esculturas, como la fuente en el Estadio Olímpico de Montreal, La joute (el partido) en honor de los jugadores de hockey que eran sus héroes deportivos infantiles.

En 1972, después de la muerte de su madre, regresa a Québec y se instala en su estudio en Sainte Marguerite. Un viaje al Polo Norte, da lugar a la serie icebergs: paisajes en blanco y negro. En los años ochenta, Riopelle abandona los métodos tradicionales de pintura en favor de las latas de aerosol y con frecuencia crea obras de arte que se asemeja a los negativos fotográficos. Proyecta su color de elección sobre un objeto que luego se retira de una manera que deja sólo una impresión negativa de la forma en el lienzo.

Riopelle murió a los 78 años de edad, en su casa de Québec, el 12 de marzo de 2002.

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